Por Víctor Manuel Goch
Datus Smith comienza a explicar en su texto Diseño Editorial que se debe pensar en la preparación del manuscrito para la edición y la conversión a libro. Para esta actividad existe el diseñador y cada libro, como afirma Datus, tiene el suyo, es decir, “alguien debe determinar las características del libro.”[1]
Éste debe verificar el tamaño de la página, el tipo y el tamaño de la letra así como su ubicación en la hoja, contemplar márgenes, interlineado, títulos, número de páginas, imágenes, dibujos, gráficas, colores, entre todos esos elementos que harán de un libro algo más atractivo a la vista de los consumidores.
El diseñador, además, necesita poseer las características que le permitan hacer un libro atractivo, coherente y sobre todo que tenga conocimiento al respecto de cómo reducrir los costos de producción. Es por eso que el diseñador debe leer primero el material para saber sobre qué es en lo que trabajará para poder realizar un diseño coherente con el contenido. Datus Smith dice que el diseñador debe tener “buen gusto artístico y suficiente conocimiento del proceso de edición de libros que le permita escoger entre las opciones prácticas existentes.”[2]
El diseñador también tiene que tomar en cuenta el presupuesto que se tiene pues, él podría diseñar algo en un papel muy caro, con muchos colores, fotografías, con una portada gruesa y muy original; sin embargo, si el presupuesto es limitado, nada de lo que planeó se podrá realizar.
Una de las tareas más complicadas del diseñador es calcular el tamaño del libro, tanto el número de páginas como el tamaño final. Hay varias técnicas, como contar los caracteres que caben en una página estándar y se multiplica por el total de cuartillas. Sin embargo, esto no es tan fiable, pues si el libro tiene imágenes o gráficas, el número de cuartillas incrementará inevitablemente.
Tampoco hay que sacrificar el diseño por el precio, por eso es importante encontrar el equilibrio entre diseño y costos pues eso repercutirá en la desición del lector al momento de adquirir o no el texto. Por ejemplo, la editorial Porrúa es famosa por el diseño tan cargadod e texto en dos columnas por hoja lo cual hace pesada la lectura.
El trabajo del diseñador no se limita sólo a estar frente a la pantalla buscando lo más idóneo para el interior, también se preocupa y ocupa de los materiales que se utilizarán en el momento de la impresión, pues él sabe qué es lo que más conviene para que el libro se vea atractivo y no se desperdicie el diseño en un material no adecuado.
Por último, la portada es el paso final en el diseño. Y no es para menos, ésta tiene que ser coherente con el diseño interior. Si será de pasta gruesa o delgada, que si tendrá color, o una funda. Todo esto es trabajo del diseñador. La portada es uno de los trabajos más disfrutables pues es la carta de presentación, es lo que verá el lector cuando entre a una librería, es lo que le llamará a comprarlo, a leerlo, a disfrutarlo.
El diseño de un libro no es fácil, pero es lo que finalmente invitará a un lector a acercarse, y si el contenido le agrada, lo comprará.
FUENTE
Datus C. Smith: 6. Diseño del libro, en: Guía para la publicación de libros, UdeG/ASEDIES-México, 1991



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